La música de una boda se decide casi siempre tarde y con prisa, y es una de las pocas cosas que todos los invitados van a percibir de principio a fin. Este es un repaso por momentos, que es como conviene pensarla: no como una lista, sino como una secuencia.
Entrada a la ceremonia
Es el momento con más carga emocional y el que menos margen tiene: dura lo que dura el pasillo. Necesita algo reconocible desde el primer compás.
- Canon en Re — Pachelbel
- Ave María — Schubert
- A Thousand Years — Christina Perri
- Marry You — Bruno Mars, en versión instrumental
- Here Comes the Sun — The Beatles
- La vida es bella — Nicola Piovani
Consejo práctico: si la entrada es larga, elegid una pieza que crezca. Si es corta, una que arranque fuerte desde el segundo cero.
Firma y salida
La firma es un rato muerto: hacen falta dos o tres minutos de música que no compitan con lo que pasa. La salida, en cambio, pide alegría inmediata.
- Signed, Sealed, Delivered — Stevie Wonder
- Don’t Stop Me Now — Queen
- Bailando — versión instrumental o de cuerda
- Viva la vida — Coldplay
- La Bamba — Ritchie Valens
Cóctel y aperitivo
Aquí la música es fondo, no protagonista. Tiene que permitir conversar. El error clásico es poner el volumen de la fiesta durante el aperitivo y obligar a todo el mundo a gritar.
Funcionan bien el jazz suave, la bossa nova, el soul clásico y las versiones acústicas de temas conocidos. Si hay música en directo, un dúo de guitarra y voz o un saxo resuelven perfectamente.
Banquete
Durante la comida, lo mismo: presencia baja y nada que llame demasiado la atención. Es el momento de las listas largas y homogéneas.
Un detalle que se agradece: bajar la música por completo durante los discursos. Parece obvio y falla constantemente.
El primer baile
La elección más personal de todas. Solo dos recomendaciones técnicas:
- Comprobad la duración. Cuatro minutos y medio bailando solos delante de 150 personas es mucho más largo de lo que parece. Se puede cortar la canción.
- Escuchadla entera antes. Más de una pareja ha descubierto en pleno baile que la letra del segundo estribillo hablaba de una ruptura.
Clásicos que siguen funcionando: At Last de Etta James, Can’t Help Falling in Love de Elvis Presley, Perfect de Ed Sheeran, Thinking Out Loud, Todo de ti de Rauw Alejandro para quien quiera romper el molde.
Fiesta
El objetivo aquí es uno: que no se vacíe la pista. La regla que mejor funciona es alternar generaciones. Tres temas actuales, uno de los ochenta, uno que conozcan los abuelos, y vuelta a empezar.
Y guardad dos o tres cartuchos seguros para cuando la pista flojee: en España casi siempre funcionan las sevillanas, Paquito el Chocolatero y cualquier cosa de Camilo Sesto.
Los cinco errores que más se repiten
- Playlist sin probar. Escuchadla entera antes, seguida, para detectar cambios de volumen bruscos entre canciones.
- Solo música de los novios. La boda tiene invitados de tres generaciones.
- Volumen alto en el aperitivo. Impide justo lo que la gente quiere hacer.
- No prever los tiempos muertos. Firma, cambio de espacio, cortes de la tarta: todos necesitan música.
- Dejarlo al azar. Un DJ que no conoce a los invitados necesita indicaciones. Dádselas.
Coordinar música y servicio
Esto se pasa por alto casi siempre y marca la diferencia entre una boda que fluye y una que da tirones: la música y el servicio de mesa tienen que ir sincronizados.
Si el postre sale mientras arranca el primer baile, o si la barra libre abre antes del brindis, el ritmo se rompe. Merece la pena sentar diez minutos al responsable del catering, al DJ y al fotógrafo con el mismo cronograma delante.
En Catering Piegallo trabajamos con ese cronograma cerrado antes del día, precisamente para que estos encajes no se improvisen. Damos servicio en Sevilla y provincia para celebraciones de 50 a 800 invitados.
Si estáis cerrando los detalles de vuestra boda, escribidnos y lo vemos juntos.
